Luzón Nogué, José María2021-10-272021-10-272021978-84-09-34997-5http://hdl.handle.net/10433/11678El interés por la Antigüedad y el gusto clásico se extiende sobre todo en la Europa del XVIII motivado por el Grand Tour, el viaje formativo por Italia, y la creación artística que ello llevaba consigo. Los viajeros ingleses se convierten en los principales clientes de los grandes maestros. Serán coleccionistas de antigüedades y también de las numerosas copias que se hacen expresamente para ellos. Y así en la Academia de San Carlos en México se podía estudiar y dibujar la Venus Medici, el Laocoonte, el Apolo del Belvedere, el Mercurio de Herculano, el Zenón del Museo Capitolino, el Gladiador Combatiente de la colección Borghese y un gran número de obras clásicas como en la mayoría de las Academias de Europa. Los vaciados, los dibujos y las estampas que llevaron en gran número los profesores como Gerónimo Antonio Gil, Cosme de Acuña, Manuel Tolsá y otros artistas formados en España sirvieron para crear en Méjico un vivero de artistas orientados hacia lo que a fines del siglo XVIII se consideraba lo más actual en el campo de las artes.application/pdfesAttribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 Internacionalhttp://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/Antigüedad clásicaAcademia de San Carlos (México)Academias ilustradasAcademia De San Fernando (España)FormaciónCopias antigüedadesLa antigüedad clásica en la Academia de San Carlos de Méxicobook partopen access