RT Book, Whole T1 Brianda de Villavicencio. Retrato de una viuda y su tiempo. A1 Pérez González, Silvia María K1 Viudas K1 Baja Edad Media K1 Jerez de la Frontera K1 Historia de la mujer K1 Historia de la Iglesia AB La obra se compone de un total de ocho capítulos más la introducción, el epílogo y la bibliografía. En el primero de ello se ofrece un recorrido por la historiografía dedicada a la mujer medieval, con la decidida intención de trazar la evolución experimentada por los estudios que han abordado esta temática. A través de su lectura es posible comprobar de qué manera las grandes autoridades de un momento concreto fueron cediendo espacio a las nuevas generaciones que, sin menospreciar su trabajo, fueron capaces de aplicar nuevas metodologías, de desbrozar nuevos caminos y de aportar nuevas imágenes con respecto a la mujer medieval. Brianda tuvo su época de mayor desarrollo personal cuando se convirtió en viuda de Fernán Ruiz Cabeza de Vaca. Es por ello ha sido necesario necesario realizar un análisis de la evolución del concepto de la viudez a lo largo del Medievo. Desde las conceptualizaciones teóricas de los Padres de la Iglesia hasta las reformulaciones de los pensadores de la Plena y Baja Edad Media, les ofrezco un panorama cambiante y en buena medida propiciador de oportunidades para las viudas a medida que se sucedían centurias y periodos. Pero de los constructos a la práctica vital hubo y hay un abismo, porque la realidad siempre acaba imperando. Los límites impuestos desde la teoría siempre son derribados por las necesidades prácticas que la vida diaria demanda a las viudas y a todos los miembros de la sociedad. Todos somos fruto de nuestro tiempo pero, también, de nuestro entorno y es por este motivo por el que se incluyen dos capítulos referidos a Jerez de la Frontera. El primero de ellos ofrece una síntesis de los distintos elementos que conformaron una urbe y que hicieron posible que alcanzase el segundo lugar en importancia dentro del Reino de Sevilla durante el periodo estudiado. Desde su conquista cristiana, Jerez vivió un proceso de expansión y desarrollo, solo frenado por los distintos momentos de crisis que afectaron a Castilla a finales de la Edad Media. Las oportunidades de las que podían disfrutar las mujeres medievales estaban en correlación directa con el nivel de desarrollo, especialmente económico, de las ciudades en las que vivían. Una economía potente hacía posible una multiplicación de opciones, así como una diversificación de estas. Brianda vivió en un Jerez próspero, que participaba en numerosos circuitos económicos conectados con los territorios de mayor dinamismo y en el que la riqueza permeaba todas las capas sociales. La sociedad jerezana, como todas las de su tiempo, era una sociedad cristiana. La profundidad de tal circunstancia puede ser objeto de debate, pero lo que no es susceptible de duda alguna es que el cristianismo impregnaba toda la ciudad y sus «modi operandi». Tal circunstancia hacía necesario un capítulo sobre el paisaje espiritual y los distintos elementos que lo componían. Iglesias, conventos, capillas y hospitales jalonaban la trama urbana, siendo Brianda testigo de la construcción, reforma y ampliación de muchos de ellos. Junto a las iglesias los conventos que, una vez superadas las dificultades de toda índole a las que se vieron sometidos durante el momento fundacional y el muchas veces dramático siglo XIV, llegaron a la etapa final de la Edad Media dispuestos a monopolizar y controlar la religiosidad de sus conciudadanos. Construidos tiempos y escenarios, se ofrece a continuación un capítulo dedicado a la familia de Brianda. Dado que este no es el tema central de la obra, se ha limitado el análisis de los linajes Villavicencio y Cabeza de Vaca a los miembros más cercanos genealógicamente a Brianda. Conocerán a sus abuelos y, sobre todo, a su padre, el jurado Juan Núñez de Villavicencio, y su marido, Fernán Ruiz Cabeza de Vaca. Ambos fueron personajes muy destacados dentro de la vida política, social y económica del Jerez del momento, por lo que existen estudios previos sobre ambos que he enriquecido con nuevos hallazgos documentales. En relación con Brianda, en este capítulo es muy ilustrador el testamento de Fernán Ruiz porque, pese al encorsetamiento de las fórmulas que componen esta categoría diplomática, el regidor deja entrever en sus palabras diversos aspectos de la relación con Brianda. Fernán Ruiz confiaba plenamente en su esposa y era consciente de sus muchas y excelentes capacidades. A ella encomendó su legado espiritual y también cometidos muy importantes en relación con su herencia material. Como es lógico, Fernán Ruiz y Juan Núñez tuvieron una influencia decisiva en la vida de Brianda, pero no fue hasta que ambos habían fallecido cuando ella pudo gozar de un papel de primera fila en la sociedad jerezana del momento. Dada la naturaleza de la documentación disponible, ese protagonismo vino dado fundamentalmente por la gestión de su patrimonio urbano y rural. El origen de este se encontraba en la herencia de su padre y de su madre y de los bienes gananciales generados durante su matrimonio con Fernán Ruiz. A la muerte de este, Brianda se vio obligada a gestionar distintas fuentes de recursos mostrando un profundo conocimiento de las pautas económicas del momento y de su entorno. Existe una idea generalizada en virtud de la cual se vincula a la nobleza con la tierra como principal fuente de recursos. Es otro de los muchos tópicos que se han ido acuñando a lo largo del tiempo, pues los miembros de la aristocracia estuvieron económicamente implicados en las actividades que mayor rentabilidad generaban en cada momento histórico. Brianda es un destacado ejemplo de ello y así lo prueba la diversificación de la provisión de sus ingresos. Fue un destacado agente dentro del mercado urbano de la ciudad, siendo capaz de obtener el máximo provecho de sus propiedades al albur de un momento de gran pujanza económica en este sector. Igualmente actuó en el siempre complejo mundo de las finanzas. Eludiendo las condenas de la Iglesia por usura, Brianda fue una importante prestamista en el Jerez de su época. Podría haberse limitado a disfrutar de su condición de rentista, pero no se conformó con ello. Quiso multiplicar todo lo que fuese posible el capital que poseía, para lo cual utilizó, con un conocimiento magistral, cuantas fórmulas financieras estuvieron a su alcance.Brianda también gestionó sin intermediarios sus numerosas propiedades rurales, la mayor parte de ellas heredadas de su padre. Administró personalmente sus tierras dedicadas al cereal, el viñedo y el olivar que estaban diseminadas en toda la extensión del alfoz jerezano, así como en la cercana villa de Puerto Real. Las sometió a todos los negocios característicos de este tipo de propiedades y de ellas recibió productos básicos de la dieta de la época, como se pone de manifiesto en unos de sus codicilos, al igual que pingües ingresos monetarios. Las últimas huellas documentales de Brianda están vinculadas a su patrimonio rural, con una clara intención de que este continuase siendo administrado por miembros del linaje de los Villavicencio. A partir del año 1535 Brianda aparece categorizada en la documentación como tercera franciscana. Todo parece indicar que se unió a uno de los grupos que integraban los colectivos de «Mulieres religiosae», que fueron muy numerosos en la sociedad del Reino de Sevilla a finales de la Edad Media. Estas mujeres fueron capaces de crear un espacio gracias al cual la religiosidad pudo abandonar los recintos eclesiásticos tradicionales, abriendo sus puertas al laicado y, más concretamente, al colectivo femenino. Ello resulta especialmente interesante, ya que supuso la creación de un nuevo marco en el que determinadas mujeres potenciaron su poder y autonomía, ganando un grado de independencia difícilmente conseguible en el caso de optar por otra opción vital más canónica. En este capítulo se incluye un breve estudio del convento de Madre de Dios, cuyo origen se encuentra en un grupo de terceras franciscanas, estando Brianda estuvo muy vinculada a este cenobio, tanto que lo nombró heredero de sus bienes. Finaliza el capítulo con algunas notas sobre los procesos de implantación de la clausura en los cenobios, así como de la obligación de ingresar en conventos que se impuso a los colectivos de «Mulieres religiosae». A las últimas voluntades de Brianda está dedicado el postrimero capítulo de esta obra, que constituye la máxima expresión de su forma de ver la vida, en las relaciones con su universo social y familiar y en los medios implementados en la organización de su vida en el más allá. Brianda quiso proyectarse al futuro mediante la constitución de un mayorazgo, en la herencia legada al convento de Madre de Dios y en el conjunto de oficios de difuntos destinados a acortar su estancia en el Purgatorio. Se analizan expresiones de sentimientos muy profundos, desconfianzas en el género humano y agradecimiento hacia quienes hicieron que su vida fuese mejor y, en numerosas ocasiones, plena. PB Centro de Estudios Históricos andaluces YR 2025 FD 2025-12-01 LK https://hdl.handle.net/10433/27505 UL https://hdl.handle.net/10433/27505 LA es NO Pérez González, S. M. (2025). Brianda de Villavicencio. Retrato de una viuda y su tiempo (Vols. 8). Centra Humanidades. https://doi.org/10.54790/fcentrahum.61 NO Centro de Estudios Históricos Andaluces DS RIO RD Oct 15, 2026